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Preocupado, ocupado o despreocupado… ¿qué eliges?

Véanse aquí tres de las maneras básicas de afrontar la realidad a la que nos enfrentamos cada día.

Alguien dirá que lo mejor es estar ocupados, entretenidos con cualquier cosa, haciendo algo positivo, un trabajo o cualquier otra actividad que nos aporte. Y no andará desprovisto de razón, pero ya puestos a opinar seguro habrá quién responda que mejor estar despreocupados, tomándonos la vida con calma, disfrutando del viaje de la manera más distendida que encontremos, cosa que nuestra salud agradecerá. Aunque también los hay despreocupados como mecanismo de no afrontación de la realidad, cuando ésta se presenta incómoda o complicada, tal vez por inmadurez o por miedo. 

Ocupados y muy ocupados

Sea por una o por otra vía, de seguro que habrá muchos que se afirmen en sentido contrario, postulando que no hay nada más pernicioso para el ser humano que la ociosidad generalizada. Y cierta razón llevarán, pues tal como nos ha quedado el mundo tras la pandemia, con tantas medidas, distancias, prohibiciones, requisitos y cupos, parece complicado pasarse el día despreocupado, por muy lejos que nos vayamos. La realidad es que hoy la mayoría estamos entre ocupados y muy ocupados, en lo nuestro y en lo de los demás, cuando no estamos preocupados o muy preocupados por lo mucho malo que parece que nos viene. La cuestión es saber qué estrategia de afrontamiento nos conviene más.

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Y visto así, a bote pronto, parece razonable pensar que lo más conveniente es ocuparse de lo que nos concierne en el presente, poniendo todo en el empeño para que nos salga de la manera más satisfactoria, intentando ser medianamente previsor para el futuro, pero no preocuparnos tanto por lo que aún no ha sucedido y no hay certeza de que sucederá. Parece razonable, sí, aunque igual no es cuestión de conveniencia ni de razones, cuando contra la naturaleza humana nos enfrentamos, porque si por algo nos caracterizamos los seres humanos es por la dificultad que tenemos para situarnos en el presente, estando como estamos casi siempre proyectando, hacia el futuro o desde el pasado, con lo que fuimos o lo que seremos, lo que tuvimos o lo que tendremos. 

Peligro latente

pieras cruzadas escansando mirando al marEsta proyección continua o vivir más en el futuro que en el presente la vemos hoy más que nunca con todo lo que concierne al covid19, donde además de la información de actualidad centrada básicamente en estadísticas sobre enfermos, sanados, fallecidos, asintomáticos, rebrotes y otros datos, nos bombardean con un sinfín de entrevistas a expertos capaces de pronosticar para cuándo vendrá el siguiente confinamiento, o cuándo saldremos, entraremos, caeremos o escaparemos de la siguiente calamidad asociada. Con este panorama de peligrosidad latente no es de extrañar que haya gente que apenas salga de su casa, por miedo a que le toque en suerte alguno de los mil peligros que acechan ahí afuera.

Miedos y preocupaciones

A propósito de los miedos y las preocupaciones excesivas, y de lo poco aconsejables que son para la salud, el científico y divulgador estadounidense Robert Sapolsky argumentaba hace unos años en su libro «¿Por qué las cebras no tienen úlcera?», lo bien que nos iría aprender de animales como las cebras, capaces de activar todos sus recursos cuando son atacadas por un león, lógico por otra parte, y continuar con lo que estaban haciendo sin el más mínimo signo de estrés en cuanto el león deja de ser una amenaza, sin rastro de preocupación alguna por un posible ataque futuro o por el reciente. ¿Se imaginan? Si a la mayoría de nosotros nos atacara un león, en la selva o en un zoo, de seguro tardaríamos un tiempo considerable en volver por el zoo o por la selva, con alguna que otra sesión de psicólogo de por medio.

Y la resultante es una cierta unanimidad científica, por lo que hemos podido leer por ahí, en torno a eso de las preocupaciones extendidas, crónicas o excesivas. Por lo que parece este tipo de preocupaciones, justificadas o no pero mantenidas en el tiempo, se hayan muy ligadas a un trastorno psicológico por desgracia muy conocido y extendido, la ansiedad. Y  bueno, si entramos por la puerta de esta patología, pueden intuir, tendremos muchas papeletas para quedarnos bloqueados, sin respuesta ni capacidad para avanzar, justo lo contrario de lo que nos conviene en estos tiempos de incertidumbre.

Así las cosas, admitiendo las dificultades que conlleva mitigar esa tendencia de nuestra naturaleza que nos tiene a menudo proyectándonos hacia el futuro con una visión nada optimista, convendría calibrar en qué punto nos encontramos, para convencernos de que tan importante como estar ocupados en el presente es guardar momentos para despreocuparnos y desconectar, entendiendo que tal vez así podamos encarar el futuro de manera propositiva, sin verlo todo mayoritariamente negro.

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